Existen diversos modos de patinar el metal, tanto químicos como naturales, y tantos acabados como puedas imaginar. En esta ocasión optamos por un color turquesa-verdoso y lo conseguimos con ingredientes lo más naturales posible.
Partimos de unas piezas de cobre, las cuales limpiamos a fondo con detergente para eliminar grasas e impurezas.
Sumergimos estas piezas en una solución de vinagre y sal durante unas
horas. El vinagre limpia el metal más a fondo y lo prepara para la
acción de los gases del amoníaco.

A continuación colocamos las piezas en un container hermético de
plástico en el que ponemos un poco de amoníaco en el fondo o bien dentro
de un pequeño recipiente. A continuación, procedemos a espolvorearlas
abundantemente con sal. La sal tiene un efecto corrosivo que, unida a
los gases del amoníaco, dará al cobre esos matices verde-azulados que
andamos buscando.

Éstas son nuestras piezas de cobre después de unas 24h sometidas a los
efectos sal-amoníaco, previamente eliminados los restos de sal y puestas
a secar al sol.

Y aquí las tenéis listas para llevar!
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